Debbie.
—¿River? ¿Eso es...? —pregunté, señalando el tatuaje en su pecho.
Él miró hacia abajo.
—¿Qué? —preguntó, sin darse cuenta de lo que yo señalaba.
—Ese tatuaje... ¿es mi nombre? —pregunté.
Él sonrió.
—Sí. Lo. Es —respondió mientras, ahora sí, se subía a la cama—. También tengo otro aquí —dijo, levantando el brazo para mostrarme el costado de sus costillas.
¡Pero qué cojones!
Me llevé la mano a la boca, tapándola suavemente por la sorpresa.
—River... Dios mío... tú... esa es mi ca