Debbie
—Rex, por favor, ya estaba casi ahí —gemí.
Él se inclinó, con su rostro apenas rozando el mío y sus ojos vacíos clavados en los míos.
—Vas a rogar por ello. Cariño, vas a suplicar. Y hasta que sienta que has aprendido la lección, no tendrás ni uno solo.
Tragué saliva, entreabriendo la boca por la sorpresa.
Mi clítoris palpitaba con una dulzura dolorosa por la anticipación.
Vi a Rex retroceder y acomodarse entre mis piernas.
Lo sentí: el vibrador otra vez sobre mi clítoris, moviénd