Debbie
Mi cuerpo se estremeció de una forma deliciosa. Ya sentía cómo empezaba a excitarme de nuevo.
—Túmbate, dulzura —ordenó él. Me acosté cuan larga era sobre la mesa.
Un momento estaba allí tumbada y, a diferencia de River, Rain no se inclinó hacia mi sexo. Sus manos buscaron mi cintura. Elevó mis caderas, arqueándolas de tal forma que quedaron frente a su rostro.
Entonces lo sentí: sus labios conectando con mi coño.
—Rain… —lo llamé sin pizca de vergüenza.
Dios mío, mi clítoris todav