Rain
—¿Me permites darte lo que una diosa merece? —pregunté, mientras deslizaba mi dedo lentamente por su carne suave.
—Ah... —Un breve gemido escapó de su boca.
Observé sus ojos; esos hermosos ojos grises se tornaban ámbar poco a poco. Joder, sí. Estaba excitada, y esos ojos no mentían. Me incliné hacia su oído.
—Deja que hunda mi cabeza en tu coño, cuñada; que meta mi lengua en tu agujero y te folle con ella como nadie lo ha hecho nunca —le susurré, mientras mi mano separaba sus labios y un d