Adriana no miraba a José, tenía la cabeza baja y una expresión seria, como si estuviera en modo de negocios:
—Este es el modelo más común de acuerdo de divorcio, no tiene cláusulas especiales. Yo salgo sin nada, no quiero ni un solo peso de tu empresa, y no te costará mucho acordarlo con la junta.
—¿Sabes lo que estás haciendo?
La voz de José sonó grave, más de lo normal.
—Claro que sí. —Adriana apretó la mano.
—¿En verdad crees eso? —José levantó el acuerdo, apretando los dientes.
—¿Creíste que