El ruido del motor se escuchó desde la ventana del carro. Camilo y Adriana miraron hacia afuera, preguntándose con quién se habían metido.
El conductor, alerta, giró rápido el volante, pisó el acelerador al máximo y buscó la oportunidad para tomar otro camino. El carro iba a gran velocidad. Pero, el que venía detrás no se quedó atrás, se acercó y comenzó a adelantarlos con una actitud desafiante.
Adriana agarró el asa del techo, viendo con más claridad, y notó que era el carro de José.
—¡Para