Recobro los sentidos cuando veo que su rostro cambia de serio a arrogante. Ladea una sonrisa, esa mueca de cinismo que odio, pero que a la vez me comienza a gustar. ¿Por qué? No lo sé. Lo hace ver más atractivo y sexi. Me hace perder en ella mientras lo observo. Contemplo sus labios carnosos; deseo que me vuelva a besar.
«Ya estoy pensando tonterías».
Regresa a mi consciencia la voz de mi hermana. Ella me espera afuera. Escucho la parte sensata de mi cerebro y comienzo a moverme. Empujo la puert