109. ESPERANZA
La emoción que se apoderó del grupo fue incontenible. Trinidad, con los ojos bien abiertos, miraba al auto rojo, su auto, como si fuera la primera vez que lo veía. Las lágrimas se acumulaban en sus ojos, no de tristeza, sino de una alegría abrumadora y una esperanza renovada.
Hugo la abrazó con fuerza, su corazón latiendo con fuerza en su pecho. La felicidad que sentía era indescriptible. Había estado a su lado a lo largo de su lucha, compartiendo sus miedos y esperanzas, y ahora estaba aquí pa