Estuvimos así por un buen rato. Literalmente hasta que la temperatura del agua nos obligó a abandonar nuestro delicioso momento.
Entre risas y besos la ayudé a secar su cuerpo y luego a vestirse, claramente luego de descartar varias prendas que ya no le quedaban más, al fin encontramos un atuendo que diera justo en el clavo con lo que quería ese día. Cabe destacar que también se enojó por eso, así que tuve que convencerla de que no se veía gorda, que era normal que su cuerpo cambiara como lo