Cuando el divorcio entró en su etapa final, el juzgado dispuso que cada parte compareciera por separado. Para que no se encontraran, a Jessica le tocaba a las nueve de la mañana y a Jordán, a las diez y media. La idea fue de Dayanira.
Jordán no se opuso ni cuestionó, como habría hecho antes, por qué una pareja que se divorciaba ni siquiera podía verse la cara.
Lo único que hizo fue revisar todos los documentos tres veces la noche anterior para asegurarse de que no faltara una sola firma por la q