Hago correr el agua en la enorme bañera. Kas viene con una bolsita llena de hierbas aromáticas y las esparce en el agua. A medida que tocan la superficie, burbujean y desaparecen, tiñendo el agua de un intenso verde aguamarina. Entro primero, luego la ayudo a entrar.
Kas se sienta detrás de mí y vierte agua poco a poco por mi espalda, teniendo cuidado de no tocar mis heridas con sus manos. El ardor inicial da paso a una sensación de frescura. Mi piel se siente aliviada de inmediato, lo cual me