Despertarme en los brazos de Alex era lo que añoraba desde hacía varias semanas pero precisamente hoy era lo que menos me apetecía. Tenía la cabeza hecha un lío y no me encontraba con fuerzas para justificar mi huida de Siderium. Miré la hora en el móvil y vi que eran las tres de la madrugada.
Me levanté con cuidado de no despertarlo y fui al baño. Cuando salí estaba despierto. Empezó a pedirme disculpas pero yo no tenía ánimos para hablar así que le dije que lo dejáramos para el día siguiente