La noche apenas estaba comenzando, y Maya ya se sentía como si estuviera caminando sobre una cuerda floja hecha de vidrio.
Clara estaba allí, con su vestido rojo sangre, como si hubiera salido directamente de una sesión de fotos diseñada para destruir vidas.
La sonrisa falsa en su rostro no llegaba a sus ojos. Esos ojos estaban clavados en Maya como si quisiera prenderle fuego.
—¿Embarazos falsos? —repitió Clara, con una voz que se escuchaba más lejos de lo necesario. Varias cabezas más se gira