Ese momento no duró mucho antes de que empezara a hartarme de comida. La comida sabía a gloria comparada con la basura que nos daban en el orfanato y mi golosa barriga rugió aún más.
Había comida debidamente preparada, frutas, verduras, leche, vino, filetes... de todo. Tenían de todo en aquella cocina.
"¿Quién eres?".
Una de las manzanas que tenía a medio comer en la mano se me cayó y me quedé inmóvil. Me giré lentamente y me encontré cara a cara con un chico de pelo rizado en una silla de ru