Sus manos empezaron a moverse de nuevo, su mirada se clavó en la mía, retándome a hacer un movimiento. Quise gritar, pero sus dedos se clavaron en mi muslo y ni siquiera necesitó decir nada para que yo entendiera el mensaje, ¡ni se te ocurra!
Cerré los ojos y me mordí el labio al sentir fugazmente los dedos de Mark rozando el borde de mi panti. Mis rodillas se doblaron cuando su pulgar presionó mi ropa interior. Estaba segura de que la única razón por la que no me había caído al suelo sin alien