Después de colgar, Carolina tomó su teléfono y se subió al coche. Rebeca observó su figura alejándose, con ganas de llamarla, de decirle algo, pero dudando. Al final, no dijo nada.
Carolina observó, y sus propios sollozos aumentaron hasta que las lágrimas comenzaron a correr por su rostro sin control. A través de sus lágrimas, le indicó al conductor que se pusiera en marcha.
Cuando llegaron a la vieja casa, las lágrimas aún no se habían secado en su rostro.
Parecía haber dejado de llorar, pero t