Lunes.
Rebeca y Carolina desayunaron. Justo cuando terminaron de empacar y estaban a punto de salir, se oyó el rugido del motor de un coche fuera.
Logan había llegado.
La niña salió corriendo feliz.
—Papá, ¿ya estás aquí?
—Sí.
Logan saludó con la cabeza a la mujer:
—Buenos días. ¿Subimos primero al coche?
Ella no dijo nada, solo se subió con su hija.
En el coche, ninguno de los dos habló mucho, la tensión residual de su último encuentro en la vieja mansión aún era palpable.
Al llegar al colegio,