Un silencio incómodo y agobiante, apenas interrumpido por la respiración acelerada de ambas, protagonizó la llamada.
- Tú no sabes la sorpresa que te tengo preparada - dijo tratando de mantener la impronta.
- No - dije - no sé, pero puedo imaginarlo, si viene de ti nada bueno será, de cualquier forma, no te tengo miedo.
- Pues deberías - dijo y colgó, dejándome hecha un manojo de nervios.
Había pasado una prueba de fuego, enfrentándome a una enemiga horrible, mostrando una seguridad y c