Lloré, desconsolada, toda la noche por la frustración de no lograr ponerle punto final a la agonía que vivía, esperando el proceder de mi verdugo. El diablo se encargó de acabar por completo con mis ilusiones. Sentía que estaba en medio de un círculo vicioso que una y otra vez colmaba de angustia y tensión incomparable mis días.
Me acordaba, con tristeza, de cada nota recibida, cada amenaza pronunciada, cada tentativa de secuestro y sentía temor, pero de una forma nueva, y diferente. Mi vida