Sekhmet:
Con mis ojos fijos en Sebas mientras corría de aquí para allá realizando sus entrenamientos, y mis labios moviéndose con aquella deliciosa hamburguesa en mis labios, disfrutaba de sentirme orgullosa por aquel rubio de ojos celestes.
Mis labios se alzaron en una sonrisa cuando con su pecho agitado, el sudor corriendo por su cara, su cabellos despeinado y con sus cachetitos sonrojados se aproximaba a mí lugar respirando con sus labios entreabriertos.
—¿Cómo está mi liebrecilla?