Después de unos minutos, llegaron hasta el edificio de apartamentos donde vivía la mujer.
Steven aparcó el auto y se bajó de este para abrirle la puerta a la pelirroja, quien salió con delicadeza y algo de lentitud;
- ¿no quieres pasar? – preguntó, viendo al otro negar
-lo siento Sharon, pero ya debo volver a casa. Ya sabes... Tengo una hija- dijo al imaginarse la cara que pondría su pequeña niña al ver la hora que era. Al menos le llevaba comida y sabía que eso la alegraría.
Sharon lo miró