Adriana Jensen
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Observé en silencio mientras Saint se quitaba los pantalones, luego los bóxers, dejándolo finalmente desnudo.
Mis ojos bajaron hacia el sur, clavados en la longitud y el grosor de su polla. Inhalé profundamente. No era la primera vez que la veía, pero sí la primera que iba a estar dentro de mí.
—¿Estás nerviosa? —preguntó Saint al ver la expresión en mi cara.
Negué con la cabeza, mintiendo.
—Está bien, cariño. Intentaré que duela menos. Solo relájate.
Asentí, creyéndole. No era