Adriana Jensen
•
Habíamos aterrizado, pero la ubicación seguía siendo una sorpresa. No había mirado por la ventana, así que ni siquiera pude intentar adivinar dónde estábamos, por eso no dudé en revisar mi ubicación.
Mi boca se abrió de par en par cuando vi que estábamos en España. Saint miró mi teléfono por encima de mi hombro. Suspiró. —Vaya forma de arruinar la sorpresa.
—¿España?? —me giré. Mi emoción ya se había duplicado. Siempre había querido visitar España, pero los viajes familiares si