Saint Giordano
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Algo estaba muy mal conmigo.
No sabía qué demonios me poseyó para abrir mi teléfono, tocar el icono de la cámara y tomar fotos de Adriana con mi móvil, pensando que las borraría después de enviárselas.
No podía estar más equivocado.
Tal como le había dicho, las fotos eran hermosas. No solo hermosas: eran ardientes, tentadoras, seductoras, todo lo que haría pecar a un hombre adulto.
Me había repetido una y otra vez que no iba a tener nada que ver con ella porque seguía siendo un