Camila
La secretaria de Alan entró y solo bajó la mirada, estiró su mano y le entregó unas carpetas. Esa mujer no me quitaba la mirada de encima. Alan movió su cabeza y de inmediato se separó de mí, no sin antes darme una última mirada cargada de incógnita.
—Camila, puede ubicarse en uno de los escritorios de afuera, cuando la necesite, me comunicaré con usted.
Asentí y luego me quedé ahí sola. Sintiendo como mi pecho subía y bajaba… lo había tenido muy cerca, esa es la idea aprovechar cada