Sara había estado con mucho trabajo durante el día, seguía poniendo en orden las citas. Conoció también a Sonia, la señora que hacía la limpieza en el lugar, y a su hijo Tomás, quien le ayudaba con ello. Solo iban limpiaban en menos de una hora y se iban. A eso de la una de la tarde un joven de no más de veinte años llega al centro.
—Buenos días —dijo al entrar, caminando directo a recepción.
—Buenos días —alcanzó a responder ella cuando el joven extendía una tableta y pluma.
—¿Sara López? —pre