Todos voltearon a ver a Aisha, Ahmed sintió que le volvía el alma al cuerpo, bajo el hiyab, Aisha usaba una batula, este accesorio sólo permitía ver sus ojos, su labio inferior y su barbilla.
—Lo siento, en verdad lo siento Jequesa. —Se disculpó Vittoria.
—No pasa nada, no tienes que disculparte porque ha sido un accidente. —Contestó con voz tranquila.
La noche anterior, Carlo y Vittoria se encontraban en su habitación, el hombre estaba obsesionado en conocer el rostro de la Jequesa.
—Quiero qu