Cuando mis ojos ya comenzaban a hincharse y mis lágrimas parecían estar secándose, me di cuenta de que no podía quedarme para siempre encerrada en aquel baño llorando.
Marius había tomado su decisión. Él estaba cuidando de sí mismo, había corrido a los brazos de Beth cuando estaba herido y no había nada que yo pudiera hacer al respecto.
Lo único que podía hacer ahora era dejar de llorar y cuidarme a mí misma.
Mis problemas no se resolverían solos. Además de tener que conseguir otro maldito coll