JANE
Su toque en mi nuca hizo que mi corazón latiera con más fuerza. El calor de su mano y la firmeza con la que me sujetaba hacían que mis rodillas estuvieran a punto de ceder, mientras todo mi cuerpo parecía quedar envuelto por el calor de Marius.
Lo miraba con determinación y deseaba que no notara cuánto me estaba afectando aquel lado más salvaje suyo. Deseaba que no viera en mis ojos que no quería que me soltara, que sus labios tan cerca de los míos eran una tentación.
—No tienes derecho a