Francis se apresuró a subir al elevador y en pocos minutos estaba en el piso que correspondía a la habitación de su hermano. Buscó el número porque no recordaba en que ala estaba y al divisarla, ingresó.
Dentro había una enfermera atendiendo a su mellizo.
—¡Francis! —exclamó feliz.
—Hola Dustin. —Acarició el brazo del joven en señal de saludo.
—Con permiso —espetó la enfermera y se retiró de la sala.
—Veo que te has recuperado bien —indicó Dustin.
—Un poco, estuve en coma.
—Los Galanis somos hu