Jennifer se encargó de pagar los cafés, a pesar de que su hermana insistió en pagar su parte. Luego abandonaron el bar nuevamente rumbo al hospital. La joven deseaba tener noticias de su prometido, aunque no había pasado demasiado tiempo. Rogaba porque ya estuviera fuera de peligro. Ingresaron por guardia y se acercaron a recepción.
—Buenas tardes, quisiera saber si hay alguna novedad del joven Francis Galanis.
—¿Qué es usted del señor Galanis? —preguntó la recepcionista.
—Soy su prometida. —