28. Entre tus alas
Evan
—Cariño lo siento, tuve que hacerlo así, te pido disculpas por todo lo que George te hizo.
—La entiendo, usted no tiene por qué pedir perdón.
Escucho las voces de mi madre y Sofía a mi alrededor, pero no soy capaz de abrir los ojos. Mis párpados pesan y mi cabeza da vueltas, aturdida. Dejo pasar unos minutos hasta que siento la fuerza necesaria para intentarlo de nuevo y hago un esfuerzo por abrir los ojos, pero solo logro ver las siluetas que se acercan al darse cuenta de que he desperta