—Sabes que Calvin vive en la Casa Blanca ahora —señaló Silas, tensando la mandíbula ante la mención del Alfa—. No va a ser posible.
—¿Acaso tenemos que preocuparnos por ellos? ¿Tengo que preocuparme yo por Calvin? —presionó Silas, con un destello peligroso de desafío en sus ojos.
—Tenemos que hacerlo. Él podría matarte —dijo Elara, con una voz sumamente seria. Conocía los niveles de la malicia de Calvin mejor que nadie.
—Pero a mí ya dejó de importarme.
—A mí todavía me importa. Nunca querría t