Llena de odio.

Ángela se había quedado dormida con su cabeza recostada en el hombro de Arturo, él al notarlo decidió llevarla dentro de la casa para qué descansará.

La casa era pequeña, solo contaba con una planta y una habitación, la cual tenía un balcón que conducía a la playa dejando apreciar su majestuosidad.

Arturo la recostó en la cómoda cama de casi dos metros y la cubrió con una fina sábana blanca, ella se veía tan angelical.

—Las protegeré sin importar que—le susurro Arturo mientras corría un mechón
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