Capítulo 30
SIN SALIDA... Juguemos a pecar
Le temblaban las piernas y no del frio precisamente.
Que mala idea había sido tener que usar vestido en pleno verano, porque la humedad en la Toscana no era cosa fácil y apenas eran las cinco de la tarde.
―No quiero ir al doctor, Lorenzo. Esto no es necesario ―se quejo por décima vez desde que salieron de la villa―. Además pudiste traerlo a casa como muchas veces me lo dijiste.
―Me apeteció hacer las cosas de otra forma esta vez, ya sabes, algo más...