Margaret y Poppy no podían creer lo que sus oídos escuchaban, les parecía que era un mal sueño todo aquello y por eso antes de salir de su asombró por las palabras del Duque, espetaron…:
—¡¡Qué, qué!! —quién las mirara reconocería que estaban rojas del coraje.
Tan chillonas se escucharon sus voces que Anastasia que estaba distraída por el agotador viaje puso una mano en su pecho dando un pequeño brinco de sobresalto. Al levantar la vista recibió de la madre de su esposo una ojeada desdeñosa; l