Una sensación de triunfo salvaje recorrió la mente de Katherine. Al fin y al cabo, tenía su atención. Era un gran paso adelante, pero ¿de qué servía si él no estaba dispuesto a actuar? Sabía que estaba siendo tremendamente egoísta, pero por alguna razón, no podía dejar de hablar.
—¿Así que crees que necesito tu protección ahora? —le espetó.
—Es lo último que se me pasa por la cabeza. El tono enfático de su voz resonó como un trueno en sus oídos, un trueno en su corazón. —Quiero decir, creo que