La noche está fría y solitaria. Ignacio sale al exterior de la casa. Al menos está despejado y puede disfrutar de un manto de estrellas, que de alguna manera le tranquilizan. Son como sus amigas. Siempre están ahí acompañándole sin importar el lugar o la situación en que se encuentre.
—¿Y ahora qué hago? —pregunta mirando al cielo. A veces le gusta hablar solo en voz alta. Se produce un diálogo interno que le permite reflexionar y ordenar mejor sus ideas. Siempre y cuando esté totalmente solo,