—Hola —saluda ella.
—Hola —responde él, mirándola a sus grandes ojos.
Ignacio queda inmóvil. Quiere ir directo al grano y saber para qué lo eligió Rea, pero prefiere no forzar la conversación y dejar que fluya hasta que se produzca el momento adecuado para tocar el tema.
—¿Sentémonos junto a ese árbol? —Theresa indica con su mano hacia un árbol cercano que da una sombra generosa.
—Sí, claro. ¿Cómo sabes que hay un árbol ahí? —pregunta Ignacio.
—Por tus lentes. Has estado mapeando todo lo qu