Isaac.
Desde este momento, todo transcurre como en cámara lenta, me aparto del cuerpo de quién fue mi rival y con pasos torpes comienzo a buscar el baño. El departamento no es muy grande, por lo que rápidamente doy con el lugar. Me encierro con pestillo, enciendo la luz y me miro al espejo asustándome de mi propio reflejo. Gotas de sangre salpicaron mi rostro y mis manos están completamente teñidas de rojo. Efusivamente lavo mis manos y dejo que el agua limpie mi culpa, para luego proseguir con