Capítulo 18
Si no estuviera ya temblando de miedo, me habría estado afilando las uñas hasta la carne, raspándolas hasta dejarlas limpias hasta que mis dedos se mancharan de sangre con la forma en que Leo me miraba.
La luz de la mañana se desvaneció ante mis ojos, su figura se alzaba imponente sobre mí, infundiendo miedo en mi piel.
Me lo merecía. Sabía que era solo cuestión de tiempo antes de que Leo se diera cuenta y explotara, y no lo culpaba en absoluto. Esperaba que ya me hubiera lastimado,