Capítulo 116
Así como no sabía cuánto tiempo había sido prisionera de Nathan, tampoco sabía cuánto tiempo había permanecido acurrucada junto al balcón. La naturaleza seguía desequilibrada, desmoronándose a nuestro alrededor.
El golpeteo de pesadas botas contra los adoquines llamó mi atención. Hombres de la Casa de Acero marchaban en formación ordenada. Desde la distancia, parecían hormigas, recortadas contra sus relucientes armaduras, bañadas por la tenue luz que se filtraba entre las enormes n