Anna llegó ante ellos, con un tono profesional pero cortés, dijo a Bella: —Disculpa, señora Romero, necesito tomar prestado a Pedro por unos minutos.
—Te necesito en mi área, —Anna le dijo a Pedro.
Pedro miró a Bella y murmuró suavemente: —Descansa aquí un rato, vendré por ti después.
Bella mantuvo una sonrisa educada y respondió: —Está bien.
—Señor Romero, ve y ocúpate, nosotros cuidaremos de la señora Romero, —dijo Clara.
Al escuchar la voz de Clara, Pedro mantuvo su expresión imperturbab