Rosalía se debatía. —No me importa, no puedo permitir que mi hijo vaya al extranjero a esos lugares peligrosos. ¿Quiere reconquistar a Elena? ¡Le ruego que me deje arrodillarme!
A pesar de que el sendero era pequeño y no había mucha gente, la escena atrajo la atención de varios curiosos.
Elena intentó marcharse, pero Rosalía le agarró el dobladillo de la ropa, suplicándole que se reconciliara con Julio.
Ella lloraba con tristeza, su expresión era particularmente desgastada, y al estar sentada en