Era Natalia.
Ella vestía un elegante vestido en un tenue tono de rosa, con el cabello recogido. Su delicado maquillaje acentuaba aún más su dulce belleza natural.
Acompañaba a Natalia un caballero de unos cincuenta años, con porte distinguido y vestido con un traje chino tradicional.
A pesar de su aire apacible y discreto, emanaba una presencia imponente que denotaba su alta posición.
—Él es mi padre —presentó Natalia a Bella—. He traído a mi padre esta noche a la gala benéfica porque hay unas j