Bajo la cálida iluminación del patio, la mirada de Pedro era profunda, como el mar en una noche de invierno, transmitiendo una sensación de frialdad y misterio insondable.
Al verla, Pedro apenas le echó un fugaz vistazo antes de desviar la mirada y seguir su camino hacia el comedor, sin siquiera detenerse.
—Qué casualidad, he venido con el director Romero a una cena. No esperaba encontrarlos aquí —dijo Miguel, sin apresurarse en ir con Pedro.
Bella pensaba que Miguel no podía desconocer su divor