—Hermano Pedro, veo que a la cuñada no parece importarle nada Carlos, así que no tienes por qué preocuparte tanto.
—¿Preocuparme? —respondió Pedro en tono áspero. —Ya estamos divorciados, con quién esté o deje de estar no es asunto mío.
Manuel susurró con cautela: —Ni siquiera sé quién fue el que acababa de tocar el claxon con tanta mala leche.
Una mirada fría de Pedro lo atravesó, haciendo que Manuel se estremeciera. Enseguida se apresuró a disculparse: —Sí, sí, tiene razón, hermano Pedro. Lo