Daniel no le creyó ni por un momento. Golpeó la taza, tirándola al piso.
Pero Bella no se inmutó. Simplemente lo miró y dijo con calma: —Debes tener clara cuál es mi objetivo. Si cooperas conmigo, te sacaré de este terrible aprieto y podrás tener un futuro mucho más brillante que el actual.
Daniel no confiaba en ella.
Acababa de descubrir que lo habían engañado brutalmente, ¿cómo podría arriesgarse a caer en otra trampa?
Bella sonrió. —Señor Ramírez, sé que usted es una persona inteligente, de l