—¿A dónde vas? ¡Aplícame el medicamento! —La ordenó Pedro.
—Lo siento, no soy médica, además no tengo esta obligación. —Bella se negó con tono frío.
Frente a su negación, Pedro estaba aún más desagradable, porque ella acababa de mostrarse claramente ansiosa y preocupada, en un instante demudó de color, más rápido que hojear un libro.
—¿No tienes esta obligación? ¡Piensa por quién estoy herido!
Bella quería replicarlo, porque si él no hubiera chocado con el coche de Pero por su cuenta para desaho