Bella dejó que Elena la peinara y luego salieron de la peluquería.
—Dame las llaves, yo conduzco. —dijo Elena.
Bella no insistió y le entregó las llaves del auto.
En la peluquería, una mujer elegantemente vestida salió de una de las cabinas.
—Señorita, ¿desea que le hagamos un peinado? —preguntó la estilista.
La mujer sonrió con dulzura, pero en sus ojos había un atisbo de frialdad: —No es necesario, tengo otros asuntos que atender.
...
En el pasillo del hospital, Bella sostenía el informe médic